¿Qué puede llevar a un perro a morder a César Millán?

25 Jun

¿Qué puede llevar a un perro a morder a César Millán?

A menudo me encuentro con educadores que me enseñan orgullosos las marcas de los mordiscos que se han llevado y no puedo menos que pensar: algo estás haciendo rematadamente mal.

Los perros no muerden a las personas excepto en contadas ocasiones. Parecen muchas, pero teniendo en cuenta la cantidad de perros que hay, las mordeduras que requieren atención médica son ocasionales. Esto es así por varias razones: los perros son seres sociales, esto quiere decir que conviven con otros de su misma especie o de otras distintas. Para vivir en comunidad debes desarrollar y aprender una serie de elaborados rituales de comunicación para evitar y resolver conflictos, si la agresión fuera la primera de las opciones se habrían extinguido.

La segunda razón principal es que los perros llevan con nosotros entre 15000 y 100000 años, si tuvieran la costumbre de morder a las personas no los habríamos metido dentro de nuestras casas.

Entonces, ¿qué lleva a un perro a morder a un profesional reconocido como César Millán?

No entraré a debatir si me gustan o no las llamadas “técnicas de Cesar Millán”, pues no son suyas. Como todos los educadores y adiestradores utiliza premios y recompensas, otra cosa es cómo y por qué. El decir esto funciona porque a él le sale bien no llega ni a la categoría de argumento. Personalmente, y sobre todo como profesional, creo que es necesario hablar sobre una cosa concreta cada vez y argumentarla, me gusta esto que hace por tal razón y no me gusta esto otro.

En cualquier caso no se puede valorar el trabajo de una persona sólo por lo que se ve en un vídeo y menos en un programa de televisión. Así que me limitaré a valorar lo que ocurre en este vídeo.

Para empezar no entiendo muy bien por qué ignora sistemáticamente las señales que le ofrece el perro. Me pregunto si las desconoce o simplemente las obvia. El perro se muestra claramente incómodo desde el primer momento. Como sabe cualquier aprendiz de educador canino, lo más importante al acercarnos a un perro desconocido es hacerle entender que no somos una amenaza, y acercarse de frente a él, invadir su espacio y mirarlo fijamente transmite el mensaje contrario. No hay que saber mucho de perros, simplemente imagina que te lo hace un desconocido mientras esperas sentado en la parada del autobús.

El perro en seguida hace “señales de calma” como lamerse la trufa, guiñar los ojos y desviar la mirada repetidas veces. Las personas hacemos señales similares cuando nos sentimos incómodas, como humedecer los labios y mirar hacia otro lado. Es una manera universal de decir: para de hacer eso, no me gusta. Por el contrario, lo sigue mirando fijamente.

No contento con eso, manipula su plato de comida. Por la reacción un poco sobresaltada del perro se intuye que ya ha tenido problemas antes. En cualquier caso, no parece buena idea tocar la comida de un perro desconocido por famoso que seas, más aún cuando lo has estado retando un minuto antes.

Como no puede ser de otra manera, el perro le lanza el primer aviso: un mordisco al aire. Las personas somos mucho más lentas que los perros, así que realmente no quiso morderle esta vez. El perro no busca una confrontación, simplemente quiere que lo dejen en paz, pero Millán le da un golpe en el cuello, lo que es claramente una agresión (llámalo toque o como quieras, lo que percibe el perro es que quieres hacerle daño).

¿Qué harías tú en esa situación, poner la otra mejilla?

Algunos perros lo hacen, se asustan lo suficiente para rendirse, pero también puede ocurrir lo contrario, que de hecho es lo que ocurre: la única salida para resolver la situación es morder. Se mezclan señales de calma como bostezar, lamerse la trufa, apartar la mirada o “hacerse más pequeño” con otras señales de amenaza: gruñir, enseñar los dientes y erizar el pelo. Esto vendría a decir: no quiero problemas pero no me dejas otra opción.

Millán lejos de respetar estas señales, se centra en el “sometimiento”, parece que los árboles no le dejan ver el bosque. Se agacha junto al perro y comienza a hablar con el propietario gesticulando de manera exagerada, pasando la mano por encima de la cabeza del perro e incluso le toca el hocico: eso no es ser valiente, es ser imbécil. Por otra parte cualquier educador que trata un perro que ha intentado morderle no se pone a hablar con nadie dejando de observar al perro.

Al final el perro, que ya ha agotado los recursos del diálogo, le muerde la mano. ¿Cómo va a interpretar el movimiento de la mano que antes le ha golpeado y ha intentado quitarle la comida? ¿Cómo reaccionarías si cada vez que te encuentras con una persona te pegara un tortazo? Probablemente le pegarías tú cuando levantara la mano aunque fuera para pedir un taxi. Por si acaso.

El resto del vídeo muestra un César Millán muy digno limpiándose las heridas de guerra mientras simula no ceder ante el perro. En realidad el perro ha ganado, pues aunque lo arrincona contra la valla deja de mirarlo y de inclinarse sobre él, así que este se relaja un poco. César sabe que ha perdido, pues se cuida de mantener las manos lejos del perro, y de hecho se observa claramente que el perro vigila los movimientos.

Pero no nos engañemos, aquí hemos perdido todos. El perro porque así no solucionará su problema y cuando muerda a algún miembro de la familia (cosa que no dudo que ocurrirá) acabará en la perrera. Los propietarios porque sufren, y lo que se les enseña en este vídeo es a llevar una vida mísera de enfrentamientos continuos, a ver a su perro como un ser perverso que trata de arrebatarle no se muy bien qué. Y a todos nosotros (perros incluidos) porque a pesar de la falta de evidencias de los resultados de estas técnicas (pues no sabemos nada de los perros que no salen bien, esos no los emiten) aún habrá quien defienda su manera de hacer.

¿Técnicas? ¿Qué técnicas? Enseñar a los propietarios a usar la fuerza contra un animal con colmillos y 35 kg de peso no parece la mejor de las ideas, hacerlo con uno de 3 Kg no es que funcione mejor pero es menos peligroso.

Por cierto que deduzco que desconoce el lenguaje canino. Si no, no se explica que no sea capaz de anticiparse al perro y evitar la agresión.

Autor: Almudena Ortiz – Dogstar

Dogstar está formado por José Luis Arias y Almudena Ortiz, terapeutas holísticos del comportamiento canino.

Basan su trabajo en la aplicación de las teorías de aprendizaje animal, construyendo una relación propietario-perro basada en la confianza y respeto mutuo, obteniendo un aprendizaje fiable y duradero. En ningún caso utilizan castigos o métodos aversivos.

Están especializados en terapias de modificación de conducta. Su objetivo es dotar a cada persona de las herramientas necesarias para cambiar los comportamientos problemáticos y empatizar con su perro para profundizar en el origen de estos, así como aprender a afrontar situaciones futuras.

ENLACES RELACIONADOS

Encantadores de animales on tour 2

Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someone