El alzheimer en perros

El alzhéimer en perros
21 Sep

El alzheimer en perros

Esta enfermedad afecta a las personas, pero si te estás preguntando si la padecen también los perros, la respuesta es afirmativa. En el post de hoy, te contaremos qué es, cómo detectarla, a qué edades afecta, cuáles son sus síntomas, cuál su evolución, cómo se trata y qué hacer para prevenirla y aliviarla. ¡Recuérdalo!

Alzheimer o síndrome de disfunción cognitiva (SDC)

Cualquiera de los dos nombres es sinónimo de una misma patología. Tantas cosas tenemos en común con nuestros perros, que hasta podemos compartir una enfermedad neurodegenerativa, caracterizada por la progresiva pérdida de la memoria que, lentamente, va borrando lo vivido y aprendido a lo largo de una vida y, lo más penoso, incluso el rostro y las voces de los seres más queridos.

Es hasta natural, que con el tiempo, los canes vayan perdiendo facultades pero, este proceso de envejecimiento es muy distinto al mal de Alzheimer, del que nos ocupamos hoy.

Igual que ocurre con las personas de avanzada edad, el síndrome de disfunción cognitiva suele afectar, principalmente, a los perros ancianos, especialmente a partir de los 8 años de edad, pero también se dan casos de alzheimer en canes jóvenes, cuyo origen se asocia a factores genéticos.

En cuanto a las causas, los investigadores apuntan a una relación con el aumento de la proteína beta amiloide, a la que se le atribuyen propiedades neurotóxicas y que es capaz de provocar la muerte neuronal de manera progresiva.

“Al alzheimer en perros se le denomina médicamente
síndrome de disfunción cognitiva,
una patología caracterizada por la pérdida progresiva
de la memoria, la conciencia y la capacidad de aprendizaje”

Síntomas del alzheimer en los perros

Ante la duda o el temor de que tu perro pueda padecer este síndrome, presta atención a las siguientes señales:

  • Fallos de memoria y concentración: si tu perro, a veces, no atiende ni obedece, puede ser una señal de que le cuesta recordar algunas de las órdenes, antes familiares; olvida palabras y expresiones que anteriormente le causaban alegría, como “vamos al parque”, o “toma un premio”.
  • Cambio de conducta: el perro con esta patología puede hacer cosas insólitas en su conducta habitual, como, de repente, orinar o defecar dentro de casa.
  • Apatía: es otro de los síntomas incipientes; al animal se le ve distante, deja de jugar y de implicarse en las propuestas de la vida familiar.
  • Alteraciones en el sueño: en los inicios del síndrome, puede observarse un cambio en los hábitos del sueño; es posible que el can duerma a destiempo y no lo haga cuando era habitual, por lo que puede deambular por la noche, de un lado a otro de la casa.
  • Desorientación: ante la pérdida de memoria, el perro puede despistarse hasta en su propio hábitat familiar; se le ve indeciso, camina sin saber si quedarse quieto, seguir avanzando o qué rumbo tomar.
  • Ansiedad: desde que los efectos de esta patología empiezan a hacer mella en el can, el nivel de ansiedad acostumbra a elevarse significativamente. Si antes era un perro apacible, los diversos trastornos que experimenta en su sistema nervioso central, hacen que aumente su estrés hacia unas cotas anormales.
  • Irritabilidad: un perro con el mal de Alzheimer acostumbra a cambiar su forma de ser, mostrando a veces signos de agresividad y susceptibilidad.

Algunos de estos síntomas, solos o asociados, también pueden esconder otro tipo de trastorno, por lo que siempre hay que acudir al veterinario para que examine al can, determine el alcance de los signos y estudie el tratamiento más adecuado.

Tratamientos que mejoran la calidad de vida

Desafortunadamente, el alzheimer es una enfermedad, que hasta la fecha carece de cura. Pero sí está de nuestra mano hacer todo lo posible para retrasar su aparición.

También es importante poder detectarla cuanto antes para que, bajo control médico, nuestro perro pueda tener la mejor calidad de vida posible. Veamos algunos de los tratamientos que aliviarán los efectos del alzheimer:

  • Medicamentos paliativos: destinados a retrasar la progresión del síndrome, entre los que se cuentan los fármacos para favorecer la circulación sanguínea.
  • Dieta y complementos nutricionales: para garantizar el correcto aporte de nutrientes que ayuden al can a afrontar la enfermedad; las vitaminas y antioxidantes no pueden faltar en su dieta, en especial los elementos que le ayuden a reforzar el sistema nervioso; en concreto, la vitamina E, o tocoferol, es esencial para retrasar la pérdida de las funciones cognitivas en canes con alzheimer.
  • Modificación de la conducta: en colaboración con expertos etólogos, esta terapia se encamina a reforzar las conductas que el perro ha aprendido a lo largo de su vida, hasta el comienzo de la enfermedad.

El bálsamo de la rutina diaria y la música

Ante el progresivo deterioro de nuestro perro, es fundamental establecer unas rutinas diarias que le den seguridad y le hagan sentir cómodo y relajado. El objetivo es reducir la ansiedad propia de los canes con SDC.

La rutina y la música son piezas clave…

  • Procura darle de comer siempre a la misma hora.
  • Continúa con la rutina también a la hora del paseo.
  • Si no existe contraindicación, consulta con tu veterinario para establecer unas pautas regulares de ejercicio físico.
  • Organízale juegos sencillos que le gusten y pueda entender.
  • Selecciona piezas de música adecuada para inducirlo al relajamiento y rebajarle el desasosiego.

Con estas pautas, paciencia y mucho cariño, lograrás reconfortar a tu peludo y mejorar su estado general de salud. ¡No lo olvides!

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